Decía Borges en Ficciones que Olvidar también es tener memoria. Quería significar con ello que olvidar es también un acto de la voluntad. Una frase daba pie a hablar de ello.

La negación de la realidad. Consistiría en no querer ver, en huir de la información o del contacto con las personas que muestran lo que ocurre. Negar lo que le está ocurriendo a uno mismo. No veo, no sé, no soy peligroso, no hago nada… no pueden hacerme nada.

‘Se cambian por términos técnicos palabras de nuestro vocabulario corriente, separando la experiencia intelectual de la emocional. Hay múltiples ejemplos: se habla de violencias innecesarias, desapariciones forzada, apremios ilegítimos, en vez de asesinatos, detenidos-desaparecidos o tortura’.

Se logra así que dos mundos coexistan a través de:

(a) un vocabulario que no confronte con la realidad,

(b) adoptar el vocabulario propuesto por el sistema,

(c) adoptar un vocabulario que marque distancia emocional respecto a experiencias dolorosas.

Todo ello, teniendo en cuenta que siempre se suele utilizar un lenguaje adaptado al marco social y cultural.

El daño que esa política está haciendo al tejido democrático lo podemos comprobar ahora mismo y lo constataremos en toda su dimensión cuando se haya pinchado esa burbuja de intoxicación informativa en la que el gobierno está metido y nos quiere meter a todos.

La Dictadura creó una estigmatización del término comunista a través de sus mensajes, los nazistas con el termino Judio, los judios con el termino palestino, los turcos con los armenios o los kurdos, y asi una tras otra a los largo de nuestra historia hasta nuestro presente con la persecución  de la letra K o el mismo peronismo. La palabra ‘comunista’, judio, K se convirtió gracias a la propaganda de los medios que concentran el poder mediatico, en sinónimo de maldad e iniquidad: el perseguido paso a ser un ser fanático, sin moral, dispuesto a traicionar a cualquiera por conseguir sus ambiciones destructoras, socavador de la familia la sociedad y de la patria. Asi una ciudadanía incauta, no preparada se vio convalidar todo tipo de vejámenes sin darse cuenta que en realidad estaba avalando la mas cruel de los gobiernos totalitarios.

La negacion de la realidad

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Negar la realidad no es una simple mentira. Es toda una conformación dialéctica que el individuo forma para decir que es, lo que no es. El eufemismo es una forma de negar la realidad. Cuando se niega la realidad también se niega su relatividad. Es una visión estilo “entubado” que no da margen de acción, Una sola interpretación. Cuando en términos sociales se niega la realidad estamos en presencia de la ruptura del contrato social. Se niega la convivencia, las sociedades entran en un nivel primitivo de comportamiento. El mismo que ocurriría en un individuo como caso aislado,al negar la realidad también niegas tu propia flexibilidad. Toda realidad es relativa y si la niegas te conviertes en absolutista.

No cabe duda que todo aquel que niega la realidad entiende como enemigo a aquel que intenta hacérsela ver, Uno de los conceptos formales de la realidad es aquello que muchos ven como tal.

En términos políticos, esto no siempre aplica, En términos psicológicos la realidad es un conjunto de percepciones aprendidas sobre estímulos previamente experimentados, si yo tengo hambre, esa sensación en real para mí. Cuando niego esa realidad (hambre) puedo caer en anorexia.

En lo social, el ejemplo anterior aplica. Si negamos las cosas que pasan en sociedad, el contrato social (convivencia) se deteriora,mentir para negar la realidad sirve a quienes necesitan esa mentira para poder convivir con sus propias negaciones, Negar la realidad es en términos psicológicos una forma de reprimir. En términos sociales la represión se evidencia en la fuerza pública.

Se puede negar la realidad por mucho tiempo y con consecuencias realmente demoledoras, quien se da a la tarea de intentar demostrar la negación de la realidad de los demás, se le tilda en principio de loco y peligroso de atentar contra democracia o un determinado estilo de vida.

Decir que la realidad es subjetiva o relativa es una tautología. Ahora bien, si yo te golpeo a ti te duele y esa es una realidad. No relativa,Cuando se niega la realidad se hace en función de la misma génesis del concepto. Tú puedes negar lo que en principio se afirma. Relativismo, Negar la realidad es tan peligroso como enfrentarla sin filtros emocionales. Ambos extremos van a llevarte a la psicosis, Si quieres asumir realidades debes asumir que muchas veces duele y evadirlo no es opción si deseas cambiarla o adaptarte, Negar la realidad en términos sociales es intentar tapar un volcán con una chapa de fibrocemento. No podrás hacerlo. Por más que se repriman las vías de comunicación, las realidades sociales se abrirán camino y se llevaran por delante a quien las niegue, a veces hay que dejar que el individuo se pegue contra la realidad. No siempre se despierta de manera cómoda En términos sociales ese despertar de la negación de la realidad, no siempre es pacifico ni indoloro. Al igual que ocurre en términos psíquicos, Es preferible pagar el precio del dolor al no negar la realidad que pagar la inmensa factura y con intereses de negarla

La dominación:

control mediático del pensamiento

La dominación fue ejercida en principio de hombre a hombre. El más fuerte físicamente, el mejor armado, dominaba al más débil, al que tenía menos defensas, y lo forzaba a cumplir su voluntad. El hombre que sólo tenía un pedazo de madera para defenderse tuvo que ceder, evidentemente, al que lo seguía con una lanza de punta de silicio, arco y flecha. Más tarde, o quizás contemporáneamente, otro factor determinó el ejercicio de la dominación: la astucia. Surgieron hombres que llegaron a persuadir a sus pares de poseer ciertos secretos mágicos capaces de hacer mucho daño, de causar grandes inconvenientes a aquellos -y a sus bienes- que se resistieran a su autoridad. Puede ser que estos hechiceros estuvieran convencidos de la realidad de su poder. Como sea, la dominación tiene -en todas las épocas y lugares- dos fuentes: la violencia y la astucia.

En las sociedades actuales, la dominación se ejercita raramente -en tiempos normales- con tanta brutalidad. Cuando se practica de tal modo, esto ocurre gracias a la costumbre, la sanción moral o legal, o un estado de cosas irregular. Es cierto que hay madres que pegan a sus hijos porque éstos desobedecen, maridos que pegan a sus mujeres porque éstas rechazan la obediencia legalmente aceptada y hay policías que disparan sobre prisioneros en fuga o viceversa. Pero eso es tolerado por los hábitos o es excepcional. Cuando se ejercita la dominación sobre una colectividad humana en beneficio de un autócrata, esto sucede porque él se apoya en un número bastante grande de cómplices o satélites que están interesados en que subsista tal autoridad, y estos cómplices se hacen ayudar y asistir por una tropa armada, mercenaria, lo suficientemente fuerte para tornar inútil toda resistencia. La dominación se ejercita raramente a beneficio de un autócrata. Al menos directamente. Siempre es practicada en beneficio de una casta, una clase, una clientela política, una plutocracia, una elite social o la mayor parte de una colectividad. Se apoya en reglamentaciones de orden político o económico; civil, militar o religioso; legal o moral. Es consagrada por las instituciones regidas por mandatarios.

Al contrario, el hombre contemporáneo que se pone individualmente al margen del bien y el mal, que se ubica coscientemente más allá de lo permitido y lo prohibido, alcanza un estadio superior en la evolución de la personalidad humana. El ha estudiado la esencia de la concepción del bien y el mal social; se ha preguntado qué queda de lo permitido y lo prohibido una vez que se descubre su apariencia. Si él prefiere tener como guía el instinto antes que la razón, eso ocurre después de hacer comparaciones y reflexiones cuidadosas. Si cede el paso al razonamiento en confrontación con el sentimiento, o al sentimiento opuesto al razonamiento, lo hace deliberadamente, después de haber tanteado su temperamento. El se separa del rebaño tradicional porque considera que la tradición y el convencionalismo son obstáculos para su expansión. En otras palabras, él es a-moral luego de haberse preguntado lo que vale la “moral” para el hombre. Hay una buena distancia entre este marginal de la moral y el primitivo, a duras penas huido de la animalidad, de cerebro todavía obtuso, incapaz de oponer su determinismo personal al determinismo aplastante del ambiente.

Algunas fuentes: La nada

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