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“El libro es un objeto extraordinario, solo es capaz de contener materia que se transforma en espíritu: esta fascinante alquimia que lleva a el ojo a recoger señales portadores de ideas. Nosotros continuamos con la imprenta no por folklore o tradición,  sino porque es la mejor tecnologia por la claridad de lectura: es nuestro modo para estar anclados al presente.”

El olor punzante de la tinta y la dulce suavidad del papel de puro algodón. El brazo de la prensa (trapiche), brillante y pesado, y los guantes cándidos con los cuales rozar las delicadas cubiertas frescas recién impresas. Y luego las barras de madera, con infinitos cajones continentes millares de pedazitos de plomo. De medidas y semblantes diferentes. Cada trozo un carácter, una letra o un simple espacio, fragmento mínimo de una palabra, de una frase, de una página.

Gutenberg todavía existe. Se llama a Enrico Talón, tiene 63 años, y junto a la mujer Maria Rosa, a los hijos Eleonora, Elisa y Lorenzo, y al fiel Graziella, maestra en el arte del taller de encuadernación con aguja e hilo, tiene en vida a Alpignano, en provincia de Turín, el taller tipográfico más antiguo del mundo. Intelecto y manualidad, cultura y sudor, paciencia y excelencia: cada creación es la suma de todos los miembros de la familia. Esenciales y necesarios para publicar títulos como él último en catálogo, el “Manuel des Amphitrynos” de Grimod del Reynière, texto sagrado escrito en la epoca del 1800 por uno de los padres de la gastronomía moderna: dos años de trabajo para ensamblar y compaginar 360 mil carácteres “Caslon” originales, uno a uno. “En verdad a mitad del libro habiamos terminado con los carácteres, por lo tanto después de haber corregido las paginas de prueba , hemos tenido que descomponer los telares de modo que tener las letras necesarias para completar la segunda mitad.” Los cajones tipográficos,las cajas de madera del 1700, los carácteres directamente fundidos de los punzones originales: junto a una espesa fila de amigos y apasionados es esta la herencia que Enrico se ha encontrado entre las manos a 14 años, a la muerte del padre.

En efecto Alberto Talón el fundador, en el 1938, de la editorial: ecléctico y carismático librero anticuario nacido en Bérgamo en el 1898, a 31 años se traslada a París para aprender los secretos de la prensa, metiéndose al servicio de Maurice Darantiere, afirmado a tipógrafo que a su vez adquirió una tienda fundada al tiempo de la Revolución francesa. Y después de pocos años Darantiere, reconociéndole en el joven italiano pasión y competencia, estuvo encantado de cederle  prensas(trapiches) y plomos para continuar la actividad.

Después de los éxitos en paris Alberto en los años 50 decide volver a Italia, y construye su casa-tienda a Alpignano, en una vieja propiedad de familia. “Su enseñanza más importante ha sido el concepto humanístico de la estética: lo bello es lo bueno, dónde hay belleza existe contenido, por lo tanto civilización. A su desaparición yo era algo mas de un muchachito: hemos sobrevivido gracias al empeño de mi madre y los muchos autores que se pusieron en contacto con él. Son ellos que nos han permitido seguir en carrera. Y no solo: un impresor francés, aprendiz de Darantiere, por un mes al año, ha venido aquí en libreria, para transmitirme los secretos de la profesión. Así este paso de consigna de competencias no se ha interrumpido: yo aprecio el saber, qué hora trato de pasarles a mis hijos.” Todos saben hacer todo, pero cada uno hace aquél que más le gusta hacer. Con Eleonora que encuentra su espacio entre los pliegues del papel y las tapas de los libros, Elisa que con ritmo y atención compone y descompone las palabras pescando entre los cajones los plomos justos de poner en el justo sitio, Lorenzo que encuentra satisfacción con el rollo de la tinta y la palanca de la prensa (trapiche).

“Mi gran pasión en cambio son los caracteres, no sólo el “Tallone”, ideado y dibujado por mi padre, pero también el “Garamond” o el “Caslon” y muchos otros clásicos que colecciono y que usamos por nuestras publicaciones. Pensar en los artistas que han dibujado círculos y cursivas de nuevos alfabetos, a los artesanos que han creado los punzones, a las matrices en donde se fusionaron cada uno de los caracteres, da una sensación que ningun tablet podrá dar nunca: es un “bibliodivesità” hecho de matices y de variaciones de las proporciones. Los carácteres electrónicos son perfectos, pero sin alma. Sólo son fantasmas por lo tanto incomparables a aquellos forjados a mano.” La conciencia de hacer algo único y precioso. El deseo de ofrecer un gozo intelectual y táctil. La lucha cotidiana con el error tipografico y los días pasados a desplazar de pocos milímetros un renglón para conseguir la justificación perfecta. Y luego el negro de la tinta, que tiene que ser negro pero no demasiado. “No tiene que ser triste, de luto. Tiene que ser un negro Bello, a menudo: un color negro de gustar, de saborear como si fuera un liquerizia. Y este equilibrio armónico, la compaginación, los carácteres, los blancos y los negros, el sabor del papel, tiene un único objetivo: hacer encontrar al autor y el lector. Cuando esto sucede nuestro sacrificio toma un significado.

Liquerizia:se obtiene de la elaboración de las raíces de un arbusto que crece en pocas zonas del mundo y que en Calabria se encuentra en abundancia y que por sus características es considerado el mas dulce y el mejor del mundo para la elaboración de numerosos productos.

Nota publicada en el Diario la Stampa de Torino el 31/01/2016 http://www.lastampa.it/2016/01/31/societa/dove-nascono-i-libri-stampati-come-ai-tempi-di-gutenberg-3Gxv5o3wLan9H0iBSpzVTK/pagina.html

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