5_de_enero_Moises, miguel angel
¿Ha valido la pena?
¿Han valido la pena estos comentarios, estas opiniones, estas críticas?.
¿El mundo está mejor que antes?.
Y yo, ¿cómo estoy?.
¿Es esto lo que esperaba?.
¿Satisfecho con el trabajo?.
Responder «sí» a todas estas preguntas, o incluso sólo a alguna, sería la demostración clara de una ceguera mental sin disculpa. Y responder con un «no» sin excepciones ¿qué podría ser? ¿Exceso de modestia? ¿De resignación? ¿O tal vez la conciencia de que cualquier obra humana no es nada más que una pálida sombra de la obra antes soñada?.
Se cuenta que Miguel Ángel, cuando terminó el Moisés que se encuentra en Roma, en la iglesia de San Pietro in Vincoli, dio con el martillo en la rodilla de la estatua y gritó: «¡Habla!». No será preciso decir que Moisés no habló. Moisés nunca habla.
De igual manera lo que en este lugar se ha escrito a lo largo de los últimos meses no contiene más palabras ni son más elocuentes que las que pudieron ser escritas, precisamente ésas a las que el autor quisiera pedirles, aunque fuera murmurando, «Hablen, por favor, díganme qué son, para qué han servido, si ha sido para algo».
Callan, no responden.
¿Qué hacer, entonces?.
Interrogar palabras es el destino de quien escribe.
¿Un artículo?.
¿Una crónica?.
¿Un libro?.
Habrá que hacerlo, pero ya sabemos que Moisés no responderá.
Apuntes
Día 5 de enero 2009
Jose Saramago.
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