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«Desvelamiento» (alétheia, en griego), y se consideraba como una propiedad del ser, de la realidad, la propiedad de descubrirse, de desnudarse, ante la razón del ser humano. Por supuesto, se pensaba que algo en común tenía la realidad y la razón que permitía que aquélla pudiera hacerse patente a ésta y ser expresada por medio del lenguaje.

La filosofía no es un saber exclusivamente de especialistas, un discurso expresado en un lenguaje técnico ininteligible e inhóspito para el no iniciado. Es más bien una actitud, un modo de vida cotidiano que calificamos de consciente, reflexivo y responsable, y para el que solo hace falta saberse «mayor de edad», tener el atrevimiento de asumir la propia existencia, estar atento y tener siempre a flor de piel la fascinación, la curiosidad por la vida y sobre todo la duda

Que tal si consideramos la filosofía como una reflexión sobre el ser humano y su vida en el sentido más amplio y radical del término. El ser humano posee la capacidad de autorreflexión y auto-análisis, es capaz de auto-conocimiento, se interroga sobre el propio vivir, su realidad y su sentido. Es, por tanto, un ser con capacidad de dirigir autónoma y responsablemente su propia existencia. Es un ser de convivencia, lo cual es un paso más allá del ser social. Los seres humanos no viven, ni pueden vivir, aislados ni solos, si quieren desarrollar una vida y una realidad auténticamente humanas. Esto les convierte en seres de acción y comunicación. Finalmente es un ser de conocimiento, un ser cuyas capacidades le llevan a pretender saberlo todo, tanto sobre sí mismo y sus posibilidades, sobre los otros y sus relaciones con ellos, como sobre la naturaleza.

Todo sumado, un ser que aspira a la comprensión del mundo, entendiendo éste como el conjunto de todo lo existente y todo lo creado por el ser humano, tanto en el terreno material como en el de las ideas.

La Razón,Por una parte, capacidad para acceder al mundo, para adentrarnos en él y comprenderlo. Por otra, Logos, lenguaje, capacidad para relacionar ideas y para comunicarlas, capacidad de argumentar, de dar razones, comprensibles y discutibles, del porqué de lo que decimos o hacemos. Razones que nacen desde nosotros mismos, sin una tutela superior, esto es, una fe sustentada en revelaciones divinas, autoridades incontestables o tradiciones indiscutibles que se imponen a la humanidad como inviolables guías de conducta y de verdad.

Concebimos, pues, la razón como un instrumento de ilustración. Ilustración en sentido kantiano: liberación del hombre de su culpable incapacidad:

«… La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión, y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela del otro.

¡Sapere aude! ¡Tez el valor de servirte de tu propia razón!

La claridad es la cortesia del Filosofo

«Y es que en el mundo traidor

nada hay verdad ni mentira;

todo es según el color

del cristal con que se mira».

Ramón de Campoamor (1817-1901)

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