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Acaban Brutus y sus secuaces, acaban de asesinar a César y Brutus increpado por personas que se mueven en aquél momento, en aquél lugar, no podemos hablar del pueblo romano sino más bien del senado, de personas de la aristocracia en aquél momento delante del senado Brurus siente la necesidad de justificarse y dice. Y el pueblo exclama o los expectadores exclaman, es decir que le dan inicialmente la razón.

En este discurso claramente lo que Shakespeare pone en juego en boca de Brutus es lo que podríamos llamar un argumento que en derecho se llama un caso de estado de necesidad, es decir Brutus pone ante el público un argumento que él considera irrefutable que es la necesidad de matar a César para evitar un mal mayor, Se trata de justificar la comisión de un acto, en este caso gravísimo como es la muerte del gobernante que además probablemente es su padre, es decir que aquí se juntan aspectos digamos políticos con aspectos personales, justificar la comisión de este acto gravísimo para evitar el mal mayor que supondría la destrucción de la república puesto que César empezaba a tener ambiciones incluso de ser tratado como un Dios. Brutus y sus secuaces no admiten esto y por lo tanto deciden asesinar a César. Discurso de Bruto

(Tras haber dado muerte a Cesar, Bruto sale del Capitolio y se dirige al pueblo romano congregado en el Foro)

Tened calma hasta el fin.

¡Romanos, compatriotas y amigos!

Oidme defender mi causa y guardad silencio para que podáis oirme.

Creedme por mi honor y respetad mi honra, a fin de que me creáis.

Juzgadme con vuestra rectitud y avivad vuestros sentidos para poder juzgar mejor.

Si hubiese alguno en esta asamblea que profesara entrañable amistad a César,

a él le digo que el afecto de Bruto por César no era menor que el suyo.

Y si entonces ese amigo preguntase por qué Bruto se alzó contra César,

ésta es mi contestación:

“No porque amaba a César menos, sino porque amaba a Roma más.”

¿Preferiríais que César viviera y morir todos esclavos,

a que esté muerto César y vivir todos libres?

Porque César me apreciaba, le lloro;

porque fue afortunado, le celebro;

como valiente, le honro,

pero por ambicioso, le maté.

Lágrimas hay para su afecto,

júbilo para su fortuna,

honra para su valor,

muerte para su ambición.

¿Quién hay aquí tan abyecto que quiera ser esclavo?

¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido!

¿Quién hay aquí tan estúpido que no quiera ser romano?

¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido!

¿Quién hay aquí tan vil que no ame a su patria?

¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido!

Aguardo una respuesta.

-¡Nadie, Bruto, nadie!

¡Entonces a nadie he ofendido!

¡No he hecho con César sino lo que haríais con Bruto!

Los motivos de su muerte están escritos en el Capitolio.

Su gloria no se mengua, en cuanto la merecía,

ni se exageran sus ofensas, por las cuales ha sufrido la muerte.

Aquí llega su cuerpo, que, doliente, conduce Marco Antonio,

quien, aunque no tomó parte en su muerte,

percibirá los beneficios de ella, o sea, un puesto en la República.

¿Quién de vosotros no obtendrá otro tanto?

Con esto me despido;

que igual que he muerto a mi mejor amigo por la salvación de Roma,

tengo el mismo puñal para mi mismo

cuando plazca a mi patria necesitar mi muerte.

                                          Queridos compatriotas, dejadme marchar solo,

y, en obsequio mío, quedaos aquí con Antonio.

Honrad el cadaver de César y oid la apología de sus glorias,

que, con nuestro beneplácito, pronunciará Antonio.

¡Os lo suplico!

¡Nadie excepto yo debe alejarse de aquí hasta que Antonio haya hablado.

                                                                                                                    Shakespeare

La construcción que Shakespeare nos propone del discurso es muy clara en el uso de los argumentos racionales que al mismo tiempo se apoyan en figuras, que son figuras de pensamiento esencialmente, al servicio de los argumentos, por ejemplo las antítesis, una esencial que está en el centro de lo que acabo de leer es esta. Una antítesis en la que se contrapone nítidamente César contra Roma, incluso con este juego probablemente buscado por Shakespeare de Rome more que es un juego con las mismas letras.

Brutus está pidiendo a los espectadores que utilicen la razón para decidir la bondad del acto que ha cometido, es decir está suponiendo un auditorio muy preparado intelectualmente, capaz de sobreponerse al sentimiento que representa el cuerpo de César asesinado allí delante, capaz de sobreponerse a las emociones y de entender racionalmente la necesidad del asesinato. Esto naturalmente es una petición muy exigente y presupone un auditorio repito muy preparado intelectualmente y muy capaz de controlar las emociones. Al mismo tiempo estos serían los argumentos que podríamos llamar o que la retórica clásica llamaba racionales, medios de persuasión racionales.

Pero al mismo tiempo Brutus se está presentando con medios de persuasión éticos, está presentando una figura de sí mismo como aquél que pone el bien común por encima incluso de sus intereses personales. Él tenía una amistad con el César, apreciaba el trato que César, el trato preferente que César y sin embargo se ha sobrepuesto a esto para cometer el acto que el creía necesario racionalmente. De esta manera construye una persona de sí mismo ética positiva. Aquél que obra siempre según la razón, según lo que es conveniente.

Antonio que lo sabe muy bien utiliza el permiso que le han dado para desvirtuar no solamente, no los argumentos de Brutus exactamente sino precisamente la honorabilidad de Brutus. Lo que hace Antonio es destruir la persona ética que ha construido Brutus. Ahora no podemos alagarnos a explicar eso pero lo hace por medio de medios de persuasión sentimentales, presentando la toga de César con la sangre, los agujeros que han hecho las dagas de los asesinos, hablando de César, recordando cuando César volvía de sus campañas victorioso, etcétera, etcétera, una serie de argumentos de orden sentimental y en un determinado momento se presenta como una persona sincera. Esto también es una presentación ética de sí mismo, pero es una presentación que intenta decir que no hay retórica, que lo que hay es sinceridad contra la retórica. Esto no es verdad, todo es retórica y Shakespeare debía pensar que todos son palabras en su obra de teatro

Antonio convertido en un orador para la retórica clásica. Es decir, ni ingenio ni palabras ni valor personal. Ni acciones, es decir ni lo que es propiamente el la presentación del discurso, ni la explicación, ni la fuerza de la palabra para remover la sangre de los hombres. Presentándose con esta aparente sinceridad, lo que Antonio conseguirá es precisamente robar como dice el
corazón del auditorio de los que escuchan y inducir a lo que él dice que haría Brutus y que él no hará, que es inducir a la revuelta y a la guerra civil que vino a continuación.

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