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“Todos los días deberíamos oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro hermoso y si es posible, decir algunas palabras sensatas.”
Johann Wolfgang von Goethe

A lo largo de la introducción y del primer capítulo de Psicología de las masas, Gustave Le Bon pone de manifiesto la importancia que han adquirido las masas en la era moderna, constituyendo ya el principal motor del cambio social. Es por esto que el autor afirma que con el protagonismo de las masas hemos entrado en una nueva era, la era de las masas. Son las masas, y no ya los reyes y príncipes de la era absolutista, las que marcan el destino de las naciones.

Juntamente con esto, Le Bon destaca la fuerza inmensa de la que son portadoras las masas, lo que les confiere un gran poder destructivo por el que son capaces de dar lugar a cambios drásticos en la vida social y política de las naciones, derribando así todas las barreras que puedan contenerlas.

Es significativo el esfuerzo de Le Bon por dilucidar las características generales de las masas ahondando en el alma de estas. Para ello lleva a cabo una definición de lo que es una masa y de sus rasgos fundamentales, lo que nos permite conocer las claves de la política de masas que ha venido imperando en los últimos siglos.

Por todo esto, masa vendría a ser una aglomeración de seres humanos, la cual toma características nuevas y totalmente diferentes de las de los individuos que la componen. Así, la personalidad consciente desaparece, los sentimientos y las ideas de los integrantes se orientan en una misma dirección, convirtiéndose la colectividad en masa organizada. Se da en ellas una ley que Le Bon denomina ley psicológica de la unidad mental de las masas, por lo que cada sujeto particular queda disuelto en la muchedumbre que tiene ya alma propia, la cual hace pensar, sentir y actuar de forma distinta a los individuos de cómo lo harían por separado.

La política de masas supondría la instrumentalización de las propias masas para ponerlas al servicio de un programa, una idea o una creencia, ya que se encargaría de aprovechar las características especiales de estas para sugestionarlas y dominarlas. El individuo integrado en la masa posee un sentimiento de potencia invencible, por lo que cae con facilidad en la irresponsabilidad fruto del anonimato que esta le provee. A esto se le añade el contagio mental por el que el individuo está dispuesto a sacrificar su interés personal al colectivo. Y finalmente nos encontramos con la sugestibilidad propia de la masa.

Por tanto, la política de masas hace uso de estas características inherentes a ellas, las cuales tienen una especial predisposición para la acción, orientándolas con un sentido y hacia una finalidad concreta. El individuo que forma parte de la masa no es consciente de sus actos, no es tampoco dueño de su voluntad y la sugestión le empuja a ejecutar actos que en otras circunstancias no realizaría. Se produce un predominio de la personalidad inconsciente y tanto los sentimientos como los pensamientos son orientados en una misma dirección, son conducidos a la ejecución de determinadas acciones. Se produce una transformación que hace posible el sacrificio del individuo, pero también el ejercicio de la violencia y la ferocidad, dejándose arrastrar por un entusiasmo que se exagera entre los integrantes de la masa.

Así es como la política de masas ejerce el cambio social, orientando a las masas hacia la consecución de objetivos bien definidos por aquellas elites que se encargan de utilizarlas, empleando para ello la sugestión y dominio sobre estas.

Fuente:El Emboscado

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