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Qué es la compasión? Tomar conciencia de los demás. Ponerse en el lugar de los demás. Y trayendo la etimología: sentir con otro, com-pasión. No piensen que se habían reunido allí unos expertos filólogos. Nada de eso , personas como tú y como yo, cuando estamos como personas simplemente, y no teniendo que demostrar nada, fuera cual fuera nuestra profesión. Pues bien, en el presente nos producen compasión muchas situaciones humanas que vemos o de las que sabemos. En estos momentos -citó una interviniente- las escenas del éxodo de la población libia, siria, y de tantos otros paises apiñándose en la frontera de algún país de medio oriente intentando ingresar en Europa. Pero, ¿sólo cabe sentir con otro su dolor? Quizás pesa todavía demasiado, en nuestra reunión, el sentido religioso de la compasión. ¿Es que no es posible sentir con otros también su gozo, su alegría o su satisfacción? ¿Seremos capaces de dar con una nueva compasión nuestra?

Según Shopenhauer, en la compasión se basa toda virtud verdadera, pues el conocimiento que supone es un recuerdo de que todos somos uno y el mismo ser. El egoísmo y la envidia, el odio, la alegría del mal ajeno y la crueldad, en cambio, solo refieren a la exclusiva creencia en la individuación. Desde esta perspectiva, la relación con el mundo solo puede presentarse como hostil. La asistencia de los otros es recibida sin gratitud porque es percibida como un signo de locura; se es incapaz de reconocer al propio ser en el ajeno. Ese aislamiento moral lleva con facilidad a la desesperación. El generoso que perdona al enemigo y responde al mal con el bien, es sublime y recibe la máxima alabanza; porque reconoció también su propio ser donde niega decisivamente su identidad.

Quien da una limosna sin más remoto fin que aliviar en algo la miseria lo hace en tanto se reconoce él mismo bajo esa triste figura. Quien va a la muerte por su patria se ha liberado de la ilusión que limita la existencia a la propia persona: extiende su propio ser a sus compatriotas, en los que continúa viviendo.

Para quien todos los demás fueron siempre el no-yo, quien solo tiene por real a su propia persona y considera a los demás solo como fantasmas que pueden ser medios para sus fines u oponerse a ellos, de modo que se establece un profundo abismo entre su persona y los otros no-yo, ése ve que en la muerte también desaparece, con su yo, toda la realidad y todo el mundo.

Y terminamos por hoy con, La compasión en relación al superhombre de Nietzsche

“Si, a pesar de todo, se han cometido conmigo algunas infamias pequeñas y grandes, el motivo de cometerlas no fue «la voluntad» y mucho menos la voluntad malvada: tendría que quejarme más bien –acabo de insinuarlo- de la buena voluntad, la cual ha producido en mi vida trastornos nada pequeños. Mis experiencias me dan derecho a desconfiar en general de los llamados impulsos «desinteresados», de todo el «amor al prójimo», siempre dispuesto a dar consejos y a intervenir. Lo considero en sí como debilidad, como caso particular de la incapacidad para re­sistir a los estímulos, sólo entre los decadentes se califica de virtud a la compasión. A los compasivos yo les reprocho el que con facilidad pierden el pudor, el respeto, el sentimiento de delicadeza ante las distancias, el que la compasión apesta enseguida a plebe y se asemeja a los malos modales, hasta el punto de confundirse con ellos; el que, en ocasiones, ma­nos compasivas pueden ejercer una influencia verdadera­mente destructora en un gran destino” Ecce Homo –

 

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