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Nota: Al final del post  EL Papel de la Economia (parte 3) podran descargar el resumen de la trilogia en formato Pdf

El trabajador ya no produce para si mismo, sino que lo hace para una clase parasitaria que se adueña de la producción y que roba la plusvalía.
Friedrich Nietzsche

“Un día los obreros vivirán como los burgueses pero, por encima de ellos, más pobre y más simple, estará la casta superior. Ella será quien posea el poder”.

 

 

El acontecimiento crucial que vino con el fin del Antiguo Régimen fue la desaparición de los estamentos junto a sus respectivos ordenamientos jurídicos, lo que pone de manifiesto que desde ese mismo instante en el que se implantó la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos la función económica pasó a controlar el poder político.

La igualdad ante la ley y ante el Estado supone la reducción del papel del hombre a un aspecto meramente cuantitativo, se le desprovee de cualquier dimensión cualitativa por la cual desempeñe una función en el conjunto de la sociedad, aquella por la que es lo que hace; sin embargo, con la nueva era surgida tras las revoluciones burguesas el hombre constantemente está cambiando de trabajo fruto de los caprichos del capital.

La indiferencia formal del ordenamiento jurídico burgués trae consigo en el plano material y fáctico la diferenciación a partir de aquello que se posee, una determinada renta y propiedades, siendo esto lo que resulta ser el nuevo criterio para jerarquizar la sociedad y generar unas nuevas elites que sustituyan a las corrompidas y aburguesadas monarquías absolutas por una clase parasitaria y plutocrática.

La lucha de clases constituye más una consecuencia directa de la desaparición del régimen absolutista y de la aparición del capitalismo que una realidad que ha movido unidireccionalmente la historia. Si todos los miembros de una sociedad son formalmente iguales lo único que puede distinguirles entre sí es la riqueza, así aparece una clara división entre la elite plutocrática y la clase del pueblo, compuesta esta última por los desposeídos.

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La lucha de clases resulta ser así la lógica inherente a un sistema igualitario en el que los individuos se agrupan entre sí en función de unos intereses comunes para conseguir más bienes materiales y riquezas. La disputa existente entre las diferentes clases no es ni más ni menos que una lucha por hacerse con mayores recursos materiales que permitan tomar el control de los medios de producción, e invertir la estructura social situándose en su cúspide y pasando a controlar el poder político.

Libertad e igualdad. La libertad fue propugnada para posibilitar el libre mercado, la libre iniciativa económica ajena a las restricciones del Estado, pudiendo al mismo tiempo el individuo definir sus propios fines y objetivos, lo cual en la práctica viene determinado por la búsqueda de la utilidad. La igualdad estableció la ruptura del lazo social, y con ello la aparición de un fortísimo individualismo que la burguesía liberal institucionalizó al no existir nada entre el ciudadano y el Estado. De esta manera cada cual busca por sí mismo su propia utilidad, la consecución de placer, bienestar, comodidad, el incremento de los bienes materiales, etc…, constituyen la meta del nuevo hombre, el homo economicus, aquel para el que el hecho económico es su único fin.

La propia evolución del capitalismo dará lugar a la aparición de diferentes asociaciones y organizaciones que agruparán a las clases, a los grupos de interés y de presión, a los sectores profesionales, etc… Es así como en los EE.UU. el asociacionismo constituye un importante capital social que desarrolla un tejido social que actúa como elemento cohesionador en la nación confiriéndole cierta unidad.

El dinero como bien escaso que todo el mundo persigue, y que a su vez se encuentra concentrado en pocas manos supone la fuente y base real de poder en el mundo capitalista, por lo que quien cuenta con dinero cuenta con recursos, capacidades, oportunidades, en una palabra: poder. Es el dinero el verdadero lazo existente entre los hombres cuyas relaciones son encauzadas por el contractualismo, y cada uno de ellos busca la consecución de su propio interés. Las asociaciones se forman en torno a intereses comunes que guían y conducen la acción de las mismas, constituyendo un quehacer colectivo por el que la suma de fuerzas posibilita la consecución de esos objetivos comunes.

La necesidad es aquello que determina la acción del hombre, pues este siempre actuará en un claro sentido con la finalidad de satisfacerla. Así, una de las necesidades primarias del hombre la constituye su propia subsistencia para lo cual debe conseguir los recursos precisos para ello. Debido a la existencia de la propiedad privada en los medios de producción se genera una organización social del trabajo conforme a los intereses del capitalista, el cual utiliza la necesidad del trabajador para ganarse un sustento estableciendo sobre éste las condiciones de su venta de mano de obra.

El trabajador ya no produce para sí mismo, sino que lo hace para una clase parasitaria que se adueña de la producción y que le roba la plusvalía. Ha pasado a ser un simple número en el proceso de producción, y puede ser sustituido en cualquier momento debido a que la producción misma se ha mecanizado, por lo que es completamente intercambiable por cualquier otro trabajador del inmenso ejército de parados. El trabajador necesita el empleo para obtener ingresos con los que poder ganarse su sustento, de aquí deriva que a la existencia del trabajo asalariado se correspondan unas condiciones de explotación impuestas por el capitalista, aquellas que son más favorables a sus intereses, pues este únicamente se mueve por el lucro ya que sus necesidades más elementales están sobradamente cubiertas.

La mecanización de la producción y la propiedad privada implican la existencia de un mercado para el que se produce, ya que la igualdad jurídica permitió la ampliación y extensión del mercado al incorporarse al mismo nuevos estratos sociales. La producción es masiva para que los beneficios sean igualmente ingentes, para lo que es preciso por un lado garantizar cierto nivel de vida a los trabajadores y evitar así las crisis de superproducción, contando estos con una capacidad adquisitiva que les permita generar algo de ahorro y consumir. Estas condiciones se generaron en su momento con el Estado de bienestar, cuyo desmantelamiento a partir de los años 70 ha dado lugar a una nueva situación. Juntamente con lo ya dicho es imprescindible que además de la capacidad de gasto se desarrolle la creación de necesidades artificiales que induzcan al consumo, esto se lleva a cabo a través de la propaganda masiva de la publicidad y el marketing, con la cultura del mercado y el conjunto de pautas de comportamiento que se transmiten a la sociedad.

Fuente: El Emboscado

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