#memoriaydesierto

Nota: Al final del post podran descargar el resumen de la trilogia en formato Pdf

Los trabajadores emprendieron durante el Siglo XIX y el XX una heroica lucha en la búsqueda y conquista de sus derechos frente a la clase explotadora, logros que fueron fundamentales para elevar sus condiciones de vida y mejorar su posición en el trabajo. Derechos y conquistas sociales son la herencia de aquellas luchas, pero un derecho no se alcanza de una vez y para siempre sino que por el contrario es preciso que esos derechos y conquistas sean salvaguardados a través de la lucha y del esfuerzo, que se incorporen a la conciencia colectiva de tal forma que sean algo más que una herencia del pasado sino incluso un elemento clave constitutivo de la identidad. Los derechos si no se utilizan, o peor aún, si todavía se olvida que estos existen, llega un punto por el que se pierde clara conciencia de su sentido y significado así como del esfuerzo del que fueron fruto.

Tres picos, inaccesibles, simbolizan las vacaciones de Verano, Navidad y Semana Santa. La vida del trabajador es un continuo equilibrio, día a día, para llegar a uno de estos tres riscos salvadores y recuperar el aliento. Todo el mundo está condenado a seguir adelante, pues continuamente llega gente frenética por alcanzar alguna isla y todos no caben en ninguna de ella sin que empiecen a despeñarse. Eso sí, más de un espabilado consigue quedarse en una de las islas simulando que llega o se va. Y luego están los que no soportan este ritmo y se derrumban. Y los héroes que intentan salirse del sistema escalando precipicio abajo…

El trabajador no se revelará como verdadero enemigo mortal de la sociedad actual mientras no rechace pensar, sentir y ser dentro de las formas propias de ella. Y ello ocurrirá cuando se percate de que hasta ahora ha venido siendo demasiado modesto en sus reivindicaciones, cuando se dé cuenta de que el burgués le enseñó a apetecer aquellas cosas que precisamente al burgués le parecen apetecibles. La vida del trabajador, o bien es autónoma, es expresión de sí misma, y, por lo tanto es dominio, o bien no es otra cosa que el afán de participar en los derechos polvorientos, en los goces, que se han vuelto insípidos, de un tiempo periclitado”. Esta problemática vislumbrada ya por Jünger en El Trabajador manifiesta claramente el aburguesamiento de la clase trabajadora, la cual ha sido sumida en la cultura hegemónica establecida y universalizada por la clase dominante.

La domesticación del hombre organizando y orientando sus pulsiones hacia la consecución de ideales comerciales, y en definitiva a asumir una mentalidad que genera el consentimiento del sistema de explotación que lo somete, conformándose así con distracciones y sucedáneos que centran su atención en la adquisición de basura que no necesita que le ofrece la publicidad.

El consumo le hace olvidar las condiciones de explotación laboral a las que está sometido, por lo que lo único importante es consumir todo cuanto la publicidad hace desear encerrándole en un bucle de producción-consumo por el cual produce lo que luego él mismo consume proveyendo al explotador enormes ganancias. Los valores utilitaristas marcan la forma de pensar y actuar del trabajador, para el cual es deseable justamente aquello que al explotador le resulta apetecible, pues el fin de la sociedad capitalista es alcanzar el ideal igualitario burgués por el que exista bienestar generalizado fruto de un crecimiento económico ilimitado, en el que la tecnología aplicada a la producción liberará al hombre de la carga del trabajo y este podrá dedicar a la vida hedonista con el consumo ilimitado y a las banalidades de la vida económica. Una imagen onírica que se sintetiza en el way of life americano-occidental y en su universalización, lo que supone la destrucción de las identidades colectivas de pueblos y culturas por un lado, y simultáneamente generar las condiciones precisas para dar lugar al consentimiento de las estructuras de explotación económica con la implantación de la ideología burguesa y liberal. El fin no es otro más que reducir al hombre a una condición de vida vegetativa.

Si antes el valor del hombre residía en su renta y en sus posesiones materiales, actualmente en la era comercial del gran capitalismo mundial el valor del hombre y de la civilización se mide por su consumo. Cuanto más pueda consumir y más consuma mejor, de aquí se deriva la perversión financiera de los créditos para el consumo, aquellos que están ideados para incrementar la capacidad de consumo del individuo más allá de sus propios ingresos de tal forma que los beneficios de los capitalistas sean mayores (se vende más su producción y se hace preciso producir todavía más) y al mismo tiempo se crea una dependencia económica hacia una entidad financiera.

En una sociedad completamente aburguesada en lo moral y en lo cultural, cuyas únicas finalidades son el confort, el bienestar, la vida fácil, el placer hedonista, el ocio irresponsable, etc., la lucha de clases como realidad viva ha desaparecido.

El sistema cultural ha generado las condiciones subjetivas por las que implantar en la mente de las masas una representación del mundo que haga aceptable el estado de cosas, y con ello ha conseguido la legitimación, consentimiento y justificación moral de un régimen de explotación.

La antítesis real entre sistemas no se encuentra en aspectos puramente técnicos, sino entre un sistema en el que la economía es soberana y otro en el que queda subordinada a factores extraeconómicos dentro de un orden más vasto y completo que es capaz de darle a la vida humana un sentido profundo permitiendo el desarrollo de posibilidades más elevadas.

La disyuntiva que se planteará a largo plazo, y sobre todo en cuanto el modelo actual termine por quebrar, será aquella que devuelva al principio político (vinculado al orden de los fines) su primacía, quedándole subordinado el elemento económico (vinculado al orden de los medios y caracterizado por su instrumentalidad).

La economía tarde o temprano deberá ser concebida no como un fin en sí mismo a través del cual una oligarquía económica se lucra gracias al trabajo del resto de la población, la cual está sometida a unas condiciones de dependencia y de explotación con respecto a aquella elite que es la que toma decisiones sobre ella. Además de esto, la economía sólo puede ser relegada a un plano secundario, aquel por el cual como elemento subordinado simplemente ejerce una función instrumental al servicio de fines extraeconómicos, aquellos que tienen una dimensión que va más allá de lo puramente utilitario y que por ello no son reducibles a una dimensión racionalista de coste-beneficio.

Esto significa la hegemonía del Estado y de la función soberana que este debe representar sobre las demás funciones: la guerrero-militar y la productiva. Es la única forma por la cual será posible generar los mecanismos de representación popular libres de la influencia de las oligarquías económicas, las cuales por medio de sus grupos de presión y corporaciones influyen en la política condicionándola y orientándola hacia sus propios y particulares intereses. La democracia demuestra ser así la dictadura del capital, en la que las corporaciones y los grupos financieros utilizan los mass-media para que la opinión pública sea favorable a sus intereses, al mismo tiempo que financian a los principales partidos políticos del sistema.

Esto significa generar una nueva elite que encarne los principios de soberanía y autoridad, que elimine de raíz el yugo impuesto por la gran finanza y por el capital, aquel por el que por el mero hecho de tener dinero ya es un referente social a seguir y simultáneamente quien determina la conducción de la política. Esto debe quedar absolutamente abolido por medio de la implantación y universalización de un nuevo Absoluto, aquel que de fin a la era económica y haga imperar aquellos otros valores de sentido comunitario que reconozcan en una jerarquía funcional la necesidad de toda sociedad orgánicamente integrada, y fundada ya en unos principios por los que el fin del hombre no es el hecho económico, sino participar de una realidad superior que está constituida por su comunidad.

friedrich_nietzsche_by_synchronicity[2]Un día los obreros vivirán como los burgueses pero, por encima de ellos, más pobre y más simple, estará la casta superior. Ella será quien posea el poder”. 

F. Nietzsche

Fuente: El Emboscado

Nota:  la trilogia Economica en formato Pdf 

Trilogia-El papel de la economia 1-2-3.pdf
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