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Nota: Al final del post  EL Papel de la Economia (parte 3) podran descargar el resumen de la trilogia en formato Pdf

Thorstein Veblen

 

“Dondequiera que existe la institución de la propiedad privada, aunque sea en forma poco desarrollada, el proceso económico presenta como característica una lucha entre los hombres por la posesión de bienes.”

 

 

La función de la propiedad privada en las sociedades burguesas es aquella que le corresponde como entidad económica y cuantitativa que es objeto de explotación productiva, propiciadora de bienestar material y dinero, viniendo a ser algo así como un pasaporte para el ascenso en la escala social. La propiedad privada dentro del pensamiento liberal-democrático ha representado un valor por sí mismo, teniendo un crisma de inviolabilidad y “sacralidad”, atribuyéndole una intrínseca esencia capaz de conferirle unvalor que la eleve por encima de su función instrumental. Esto no deja de ser la expresión vulgar de lo que realmente representa la propiedad para el hombre moderno: un fetiche.

La propiedad de los medios de producción sólo puede ser de la oligarquía o de la comunidad del pueblo. En el primer caso la lucha de clases se establecerá como pauta en el desarrollo y desenvolvimiento de las relaciones entre las clases, pues la posición dominante de los capitalistas dará lugar a condiciones de explotación, aquellas con las que se intentará reducir los gastos de mano de obra generado por los trabajadores e intentando aumentar a su vez la jornada de trabajo.

Cada clase persigue la consecución de unas mejores condiciones materiales así como su hegemonía dentro de la sociedad. Al menos esto fue así en la primera fase del capitalismo cuando cada clase social representaba modelos antagónicos en su forma de concebir el mundo y de organizar el trabajo y la propia sociedad. La disyuntiva entre capitalismo y socialismo científico reside en la forma de organizar técnicamente la economía, y no en los fines últimos de ambos sistemas, es decir, la consecución del bienestar material de las masas en torno al cual convergen sus esfuerzos.

Si en el sistema capitalista las tensiones producción-consumo se deben regular por sí mismas a través del libre mercado en el que juegan la libre oferta y demanda, en el modelo socialista la estatalización de este ciclo por medio de la planificación intenta subsanar las crisis de superproducción y las inflaciones. Sin embargo, ambos modelos en principio antagónicos a la hora de organizar la economía y el trabajo, las aspiraciones del hombre son únicamente materiales, pues la felicidad definida en términos de utilidad viene reportada por el status social que propicia la posesión de bienestar material, de una determinada renta, etc… El fin del hombre no es más que el hecho económico, todo este orden descansa en la ingenua creencia de que los bienes materiales darán la felicidad.

En ambos casos la propiedad de los medios de producción pertenece a una oligarquía, sea plutocrática o tecnocrática, por lo que el pueblo está desposeído de aquello que realmente le pertenece. En la sociedad capitalista el Estado únicamente es un elemento coercitivo para preservar el statu quo de la oligarquía económica, pero sus funciones están limitadas únicamente a mantener la paz y la seguridad social de tal modo que no se produzcan desórdenes. En las sociedades del antiguo bloque socialista el sistema respondía a un capitalismo de Estado, aquel por el cual el Estado además de ser un aparato coercitivo es también una inmensa maquinaria burocrática que se encarga de gestionar y organizar el conjunto de la economía, a cargo de la cual se encuentra una oligarquía tecnocrática que acapara el conjunto de la producción.

La primacía de lo económico sobre lo político ha dado lugar a que este último constituya una herramienta al servicio de los fines utilitarios de quienes detentan el poder económico. En el modelo capitalista la clase dominante utilizará el poder político para salvaguardar su mercado y satisfacer sus apetencias para lucrarse, además de impedir que la estructura de intereses hegemónica sea subvertida. La política es así reducida a un mero medio al servicio de la economía y de los intereses económico-comerciales de las plutocracias. Sin embargo, en los denominados modelos socialistas la política no tiene un papel muy diferente, ya que esta se ocupa de gestionar el aparato productivo para la consecución de los planes quinquenales, de tal modo que además de ejercer la coerción precisa para mantener un estado de cosas esta también sirve de herramienta para la distribución de la riqueza y el ordenamiento económico.

El conflicto que hasta la fecha ha existido es entre sistemas económicos técnicamente considerados, por lo que capitalismo y socialismo ofrecen diferentes modos de organizar la economía pero en ningún caso se cuestiona la posición y el papel que esta ocupa en la sociedad. La primacía de lo económico ha reducido al hombre a un número, y al mismo tiempo ha desarrollado un conjunto de valores y una cultura económica que se ha universalizado, de tal modo que la finalidad del individuo y de las clases sociales es la obtención de riquezas que la sitúen en la cúspide de la jerarquía social.

Ernst Jünger

Es inevitable que en este mundo de explotadores y explotados no sea posible ninguna grandeza que no sea en última instancia, el hecho económico.”

Esta frase de Jünger explica bastante bien la naturaleza de un mundo económico, aquel que los burgueses instauraron en 1789 tras una larga preparación siglos antes. El trabajador se ve explotado en su puesto, es una pieza más en el engranaje de la producción, y a esto se suma la alienación cultural a la que es sometido por causa de la instauración de un marco de referencia configurado por el mercado y sus creaciones.

Fuente: El Emboscado

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